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Un jardín de flores lilas con vistas a un lago tranquilo. Tal como si fuera una pintura de acuarela, los tonos morados se entremezclan como largas pinceladas que asimilan las ondas del agua durante el atardecer.

 

Los árboles de lilas púrpuras y blancas, dejan caer sus ramilletes hacia el pasto florecido. Su aroma se combina con el rocío fresco que se esconde en las hojas más verdes y pequeñas.

 

A lo lejos, los últimos rayos del sol caen sobre el lago. Un suave aroma a lavanda recuerda que ya es momento de aquietarse.

 

 

Eloísa Silva Valderrama

 

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