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Subiendo por el tronco del árbol de pomelos, una enredadera de jazmín se posa con delicadeza. A mitad de la tarde, bien a lo lejos, el zumbido de las abejas recuerda el dulce y armonioso ciclo de la vida.

 

Cítrico, profundo y complejo. El aroma de las flores blancas se entrelaza con el fruto casi maduro, que espera tranquilamente su cosecha.

 

Unas notas escondidas, rojizas y moradas, aparecen en las faldas del tronco del árbol. Son pequeños frutos rojos que acompañan el paisaje de la tarde y que invitan a tenderse unos minutos a disfrutar de la sombra.

 

El cuerpo se posa en el tronco de los pomelos, disfrutando del aroma cercano de las flores de jazmín y la madera fresca.

Eloísa Silva Valderrama

 

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