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Varas largas de verde opaco y texturado, coronado por un ramillete color violeta, de aroma profundo y complejo.

 

Diminutos pétalos que asimilan en miniatura a las ramas largas y doradas del trigo. Las flores de la lavanda se estiran cada día capturando los rayos del sol y el vapor de las nubes.

 

A medio día, las varas aromáticas se mueven con la suave brisa de una mañana que termina, haciendo viajar su aroma por el jardín, pasando por los árboles de limones y llegando hasta las sábanas blancas que cuelgan sobre cordeles de algodón.

 

Eloísa Silva Valderrama

 

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